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Comentario del mes: COVID-19

por | Mar 16, 2020

El proceso vírico infeccioso iniciado en China (Wuhan) y bautizado con las siglas “COVID-19” (coronavirus disease 2019), traspasó fronteras continentales a mediados de febrero, con lo que fue catalogado por Pandemia por parte de la OMS. La desgracia sanitaria con más de 135.000 afectados y más de 4.500 muertos (hasta la fecha) ha puesto en alerta, obviamente, los sistemas sanitarios de muchos países, y ha obligado a la adopción de estrictas medidas que es de suponer que tendrán consecuencias sobre la economía mundial. La libre circulación de personas en y entre países, cancelación de eventos multitudinarios, son los casos más llamativos, aunque de ellos se desprenden ramificaciones con afectación en gran número de sectores. La percepción inicial de que era exclusivamente un problema de China y de índole sanitario, ha mutado hasta convertirse y añadir consecuencias económicas que han obligado a intervenir a las autoridades monetarias (p.ej: rebaja de tipos de interés de la FED el 3 de marzo). Pretendemos dar pinceladas a 3 aspectos de afectación, y que han tenido consecuencias severas, estos días, en los mercados financieros; principalmente en la renta variable mundial. No pretendemos dar más importancia al efecto económico de la desgracia sanitaria y humanitaria que supone el “COVID-19”. Únicamente dar explicación y encontrar motivos a la volatilidad y descensos históricos de los mercados bursátiles de las últimas semanas.

La irrupción del “COVID-19” en Italia, fue el punto de partida de la alarma social e impacto social que ha acabado expandiéndose a nivel continental. Desgraciadamente, las autoridades no actuaron con la diligencia que mostró China desde los inicios. La idea de que se trataba de una “gripe normal” con un índice de mortalidad inferior, relajó los mecanismos de prevención que debían haberse adoptado desde un principio. La facilidad de contagio es una de las particularidades de este proceso vírico y sobre la que estábamos alertados. Ante ésta y tras la rapidez de casos infectados,  las autoridades se vieron obligadas a suspender la libre circulación de personas en y entre algunas zonas geográficas. La cancelación de viajes, eventos multitudinarios se extendió como práctica generalizada, ocasionando una psicosis adicional. Además, ante la proliferación de casos se generaron dudas acerca de la capacidad de los sistemas de sanidad públicos para atender a los nuevos enfermos, sin alterar el normal funcionamiento necesario. Curiosamente, las mayores incertidumbres y temores se centran ahora sobre la primera economía del mundo, EEUU, donde la cobertura sanitaria pública no abarca a la totalidad de la población y las coberturas privadas intentaron esquivar sus responsabilidades. Un acuerdo entre la Administración y las principales aseguradoras obligará a realizar los test, todavía no realizados, y existe el temor a un aumento de los casos declarados en la actualidad que se mantienen en niveles “relativamente” bajos.

El impacto económico del COVID-19 es causado principalmente por el aislamiento que demanda su rápido y agresivo contagio. Si bien en un principio se comentaba que este aislamiento podría causar una ralentización económica en la primera mitad del año, para volver a una recuperación en la segunda mitad si se lograra contener la propagación del virus, la relevancia de las medidas sociales adoptadas en diversos países y de afectación internacional, están empezando a cuestionar la velocidad de la esperada recuperación. El impacto del coronavirus tendrá implicaciones sobre sector turismo, consumo, sanitario…de manera directa, pero una vez vistos la cantidad de acontecimientos y eventos cancelados, su repercusión ya es total sobre la práctica totalidad de sectores. Además, la desconfianza, precaución, cambios de sentimiento humanos, probablemente, sea por “fuerza mayor” o no, provocarán un cambio de hábitos en el comportamiento del consumidor que todavía es pronto de anticipar y cuantificar. No todos van a ser negativos, ni mucho menos, pero sí distintos. Esto provocará la aparición de nuevos servicios y empresas, a la vez que, desgraciadamente, situará a algunas existentes en serias dificultades. La imprevisibilidad de la pandemia traerá situaciones no previstas, ni en los peores escenarios, por lo que podrían darse situaciones de estrés en diversos negocios. En este contexto, las empresas de menor tamaño, con menores barreras de entrada, son las que tendrían que afrontar mayores dificultades.

Consecuencia de lo anterior, el impacto sobre los activos financieros es inevitable. Los mercados financieros y en especial la renta variable,  se han puesto “más que defensivos” y han sufrido importantes recortes las últimas tres semanas. Para poner en contexto la situación excepcional del momento, señalar que si bien la cuantía de los descensos no supera a los vividos durante la gran crisis financiera de 2008 (caso Lehman Brothers), sí que lo hace en términos de velocidad de caída. La incertidumbre, peor enemigo de los mercados, se ha instalado a corto plazo y ha dañado las cotizaciones además de la confianza de algunos inversores. Las previsiones con que arrancaba el año eran de un aumento de los resultados empresariales después de cierto estancamiento en los dos últimos años; periodo en el que había habido un repunte de las cotizaciones y una expansión de múltiplos generalizada. En estas circunstancias, las revisiones a la baja de las previsiones de beneficios empresariales y crecimiento económico serán normales y es lo que han empezado a cotizar las Bolsas, además de la incertidumbre. Saber si los mercados han ido más allá y se han excedido en el descuento que han hecho, no es fácil de adivinar todavía en la actualidad. La historia nos dice que, normalmente, descuenta en exceso las incertidumbres presentes y, en este sentido, cabe espera una recuperación general de los mercados en todos los sentidos. Además, resulta esperanzador ver que en China, foco del virus, y donde se abordó el problema con inmediatez se ha conseguido detener con éxito la propagación. En este sentido, aunque quizás tarde, la concienciación que han hecho el resto de autoridades, ya a nivel mundial, abre las esperanzas a que podamos seguir el mismo proceso exitoso.

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